Psicoanálisis Relacional

Stephen Mitchell

La denominación de “Psicoanálisis Relacional” la acuñó Stephen Mitchell hacia el año 1999. Él indagó las aportaciones de diferentes autores al concepto de relacionalidad, partiendo del mismo Freud pero distinguiéndolas a su vez de la incipiente concepción psicoanalítica relacional actual.

Lo “relacional”, en palabras de Alejandro Ávila, enfatiza en el impacto que las relaciones humanas tienen en la actividad mental, configurada como una psicología bi-personal, en la que el impacto del observador sobre lo observado es continuo e inevitable.

Para Freud, las pulsiones predeterminadas biológicamente, y por lo tanto innatas, son la base sobre las que se edifica el psiquismo. A la realidad externa le otorga un papel regulador y organizador de lo que él denomina el aparato mental. La búsqueda de la relación la entiende como la necesidad de encontrar objetos sobre los que descargar todo el conglomerado pulsional y edípico.

El psicoanálisis relacional e intersubjetivo reconoce la necesidad del sujeto de relacionarse con esos objetos pero acuciado por adaptarse a una realidad externa plagada de vínculos y relaciones. Y precisamente, esos vínculos significativos lo constituyen como sujeto con un psiquismo propio.

El psicoanálisis relacional se ha ido edificando sin escuela, diferentes autores de diferentes épocas han contribuido a darle cuerpo con sus aportaciones.

Uno de los conceptos clave propuesto por Mitchell, fue la matriz relacional. La construcción de la mente es un producto social. La idea principal es que siempre estamos en interacción con alguien y, como mucho, somo coautores de nuestra identidad. La mente se organiza dentro de una matriz relacional, y por lo tanto, los psicoterapeutas debemos indagar en la narrativa que han organizado nuestros pacientes de su realidad externa con otros.

La intersubjetividad es otro de los conceptos esenciales. Ésta, que entronca con la “teoría de la mente” (habilidad para comprender y predecir la conducta de otras personas, sus conocimientos, sus intenciones y sus creencias), nos habla de un bebé que establece un intercambio emocional y afectivo con sus cuidadores dentro de lo que llamamos mutualidad psíquica. El enfoque intersubjetivo, en palabras de Donna Orange, “entiende el psicoanálisis como el intento dialógico de dos personas que se unen para comprender la organización de la experiencia emocional de una de ellas a través de otorgarle sentido conjuntamente a su experiencia configurada intersubjetivamente.”

La ciencia que persigue el psicoanálisis relacional es una ciencia de la intersubjetividad, lejos de los parámetros propugnados por la ciencia empírica, que trata de encontrar la objetividad de los fenómenos. El campo intersubjetivo equivale al espacio transicional propuesto por Winnicott, un espacio de ilusión y de juego. Y como terapeutas, cuestionamos la neutralidad con el paciente porque no es posible ni tampoco es deseable.

John Bowlby
John Bowlby

El enfoque intersubjetivo es, a su vez, contextualista. Somos herederos de nuestra biología e hijos de nuestras circunstancias. El entorno, para Winnicott, es donde se fraguan las relaciones humanas y donde se construye la identidad. Si el paciente ha construido sus principios organizadores dentro de un contexto intersubjetivo determinado, el trabajo terapéutico consistirá en ofrecer nuevos campos de acción donde puedan producirse cambios. Se trata de deconstruir para volver a construir de nuevo, en línea con la regresión benigna de Balint.

El vínculo afectivo, como elaboró Bowlby, es otro de los conceptos fundamentales para el psicoanálisis relacional. Éste se construye en la infancia con las personas significativas a nivel emocional; se configura un estilo vincular que permanece en el mundo experiencial interno de la persona y condiciona los estilos relacionales futuros, incluso la “elección” de personas vincularmente significativa

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